Con la llegada del tradicional sorteo de lotería de Navidad, merece la pena pararnos un momento a reflexionar sobre la "racionalidad" de nuestras decisiones de inversión repasando el concepto de esperanza matemática.
Artículo interesante de Luis Francisco Ruíz en Estrategias de Inversión.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
¿Qué consejos financieros le daría a sus hijos?
Según un nuevo estudio de la gestora Schroders, un 40% de los inversores españoles afirman que el consejo financiero más importante que les darían a sus hijos sería que deben empezar a ahorrar tan pronto como les sea posible. Otros dos consejos adicionales serían no endeudarse demasiado y mantener liquidez suficiente.
El estudio completo ha sido publicado en Funds People.
El estudio completo ha sido publicado en Funds People.
jueves, 27 de octubre de 2011
Diferencia entre valor y precio: Un ejemplo práctico
Como ya se comentó en el pasado post (¿Quién está ganando todo este dinero que se está perdiendo?), valor y precio tienden a no coincidir.
Buceando en la web he encontrado este divertido ejemplo práctico creado para una campaña de comunicación del operador de telefonía MásMóvil.
Exagerado pero muy cercano a la realidad.
Buceando en la web he encontrado este divertido ejemplo práctico creado para una campaña de comunicación del operador de telefonía MásMóvil.
Exagerado pero muy cercano a la realidad.
lunes, 10 de octubre de 2011
¿Quién está ganando todo este dinero que se está perdiendo?
Hoy les dejo un interesante artículo de Santiago Satrústegui, consejero delegado de Abante Asesores, publicado en Expansión.
Hace referencia a la vieja diferencia entre valor y precio de los activos, diferencia que el inversor individual tiende a olvidar en la mayoría de ocasiones.
Ahí va...
¿Quién está ganando todo este dinero que se está perdiendo?
La realidad es que no hay tanta gente ganando tanto dinero como pueda parecer porque, contra todo pronóstico, hay muy poca gente que lo esté perdiendo, de momento. Otra cosa es lo que digan los medios de comunicación o las redes sociales.
Chocamos una vez más con la semántica y con los problemas de una mala construcción conceptual. Si el titular dice “la crisis del euro destruye el 25 % del valor del DAX alemán” podemos estar seguros de que el autor de esa frase no ha leído a Antonio Machado.
Valor y precio son dos manifestaciones independientes de la misma realidad con una caprichosa tendencia a no coincidir. Confundir el uno con el otro, según el poeta, no es muy inteligente.
Cuando nos sentamos con nuestro asesor financiero a repasar el extracto de nuestras inversiones, lo que vemos es el supuesto precio de realización que en ese momento tendría toda nuestra cartera. Soy un gran partidario de la liquidez y de la transparencia y me parece tremendamente higiénico que este tipo de reuniones se sistematicen, pero, como en todo, una obsesión excesiva por los precios nos traerá problemas.
Cuando los precios de cotización de nuestros activos bajan la gran pregunta que tenemos que hacernos no es si seguirán o no bajando, sino que lo que debemos cuestionarnos en ese momento es si lo ha hecho el valor de lo cotizado o si éste se sigue manteniendo.
La labor del gestor de una cartera consiste precisamente en diferenciar si en una corrección en el precio de un activo el valor se ha mantenido y está barato o si el precio ha subido sin hacerlo el valor y el activo se ha puesto caro.
Como los mercados se mueven en la marginalidad de la última transacción, muchas veces ésta puede ser no representativa de los fundamentos subyacentes y responder a multitud de variables externas, entre las cuales una de las más importantes es el propio sentimiento que las cotizaciones generan.
Supongamos que alguien nos pasara todas las mañanas por debajo de la puerta un papelito con el precio al que estaría dispuesto a comprar nuestra casa. Aunque no pensamos venderla en ningún caso, está claro que si vemos que sube o baja nos afectará a nuestro estado emocional y si ese precio bajara mucho y de forma continuada podríamos llegar a cambiar nuestra actitud respecto a ella y empezar a pensar en venderla antes de que sea demasiado tarde. En todo ese tiempo es posible que el valor de la casa siga siendo el mismo.
Hay una historia, sacada de una frase de Rousseau en su discurso sobre las desigualdades, de una persona que, porque ya no la necesitaba, vendía su cama por la mañana para tener que volver a comprarla después antes de irse a dormir. Incluso asumiendo que esto le llevaría a padecer una clara merma económica por comprar y vender en el mal momento, cada una de las decisiones tomadas en sí mismas podrían considerarse racionales y lógicas. Hay incluso quien dice que por definición no pueden existir acciones irracionales, pero ése es un charco en el que prefiero revolcarme otro día. Sólo, y esto es lo importante, podemos considerar estúpido el comportamiento de vender la cama por la mañana si consideramos que poseer una cama forma parte de un proyecto a largo plazo en el que sabemos que la vamos a necesitar para dormir todas las noches. Si nos fuéramos a otro país o a la guerra, la venta de la cama después de haber dormido en ella la última noche la consideraríamos perfectamente coherente.
Con las acciones o con nuestra cartera de valores y fondos pasa exactamente lo mismo, aunque de una forma más sutil. La preferencia en este caso cambia en función de las circunstancias de los mercados, del entorno o de nuestra situación personal y fluctuamos básicamente entre considerar la rentabilidad como el objetivo primordial a que lo sea la preservación del capital. Hay veces que queremos ganar y veces que queremos no perder.
Lo normal es que en esos momentos de cambio de preferencia, si ésta no corresponde con un cambio real de nuestra situación, la decisión resulte tan racional como equivocada. Solo en el marco de un proyecto a medio o largo plazo cobrará sentido asumir situaciones puntuales de caída en el precio de nuestra cartera. El inversor debe establecer los niveles en los que esté dispuesto a dejar fluctuar sus preferencias en función de unos objetivos previamente determinados. Sin un “por qué” que justifique el proyecto sucumbiremos al precio y nos perderemos el valor.
Hace referencia a la vieja diferencia entre valor y precio de los activos, diferencia que el inversor individual tiende a olvidar en la mayoría de ocasiones.
Ahí va...
¿Quién está ganando todo este dinero que se está perdiendo?
La realidad es que no hay tanta gente ganando tanto dinero como pueda parecer porque, contra todo pronóstico, hay muy poca gente que lo esté perdiendo, de momento. Otra cosa es lo que digan los medios de comunicación o las redes sociales.
Chocamos una vez más con la semántica y con los problemas de una mala construcción conceptual. Si el titular dice “la crisis del euro destruye el 25 % del valor del DAX alemán” podemos estar seguros de que el autor de esa frase no ha leído a Antonio Machado.
Valor y precio son dos manifestaciones independientes de la misma realidad con una caprichosa tendencia a no coincidir. Confundir el uno con el otro, según el poeta, no es muy inteligente.
Cuando nos sentamos con nuestro asesor financiero a repasar el extracto de nuestras inversiones, lo que vemos es el supuesto precio de realización que en ese momento tendría toda nuestra cartera. Soy un gran partidario de la liquidez y de la transparencia y me parece tremendamente higiénico que este tipo de reuniones se sistematicen, pero, como en todo, una obsesión excesiva por los precios nos traerá problemas.
Cuando los precios de cotización de nuestros activos bajan la gran pregunta que tenemos que hacernos no es si seguirán o no bajando, sino que lo que debemos cuestionarnos en ese momento es si lo ha hecho el valor de lo cotizado o si éste se sigue manteniendo.
La labor del gestor de una cartera consiste precisamente en diferenciar si en una corrección en el precio de un activo el valor se ha mantenido y está barato o si el precio ha subido sin hacerlo el valor y el activo se ha puesto caro.
Como los mercados se mueven en la marginalidad de la última transacción, muchas veces ésta puede ser no representativa de los fundamentos subyacentes y responder a multitud de variables externas, entre las cuales una de las más importantes es el propio sentimiento que las cotizaciones generan.
Supongamos que alguien nos pasara todas las mañanas por debajo de la puerta un papelito con el precio al que estaría dispuesto a comprar nuestra casa. Aunque no pensamos venderla en ningún caso, está claro que si vemos que sube o baja nos afectará a nuestro estado emocional y si ese precio bajara mucho y de forma continuada podríamos llegar a cambiar nuestra actitud respecto a ella y empezar a pensar en venderla antes de que sea demasiado tarde. En todo ese tiempo es posible que el valor de la casa siga siendo el mismo.
Hay una historia, sacada de una frase de Rousseau en su discurso sobre las desigualdades, de una persona que, porque ya no la necesitaba, vendía su cama por la mañana para tener que volver a comprarla después antes de irse a dormir. Incluso asumiendo que esto le llevaría a padecer una clara merma económica por comprar y vender en el mal momento, cada una de las decisiones tomadas en sí mismas podrían considerarse racionales y lógicas. Hay incluso quien dice que por definición no pueden existir acciones irracionales, pero ése es un charco en el que prefiero revolcarme otro día. Sólo, y esto es lo importante, podemos considerar estúpido el comportamiento de vender la cama por la mañana si consideramos que poseer una cama forma parte de un proyecto a largo plazo en el que sabemos que la vamos a necesitar para dormir todas las noches. Si nos fuéramos a otro país o a la guerra, la venta de la cama después de haber dormido en ella la última noche la consideraríamos perfectamente coherente.
Con las acciones o con nuestra cartera de valores y fondos pasa exactamente lo mismo, aunque de una forma más sutil. La preferencia en este caso cambia en función de las circunstancias de los mercados, del entorno o de nuestra situación personal y fluctuamos básicamente entre considerar la rentabilidad como el objetivo primordial a que lo sea la preservación del capital. Hay veces que queremos ganar y veces que queremos no perder.
Lo normal es que en esos momentos de cambio de preferencia, si ésta no corresponde con un cambio real de nuestra situación, la decisión resulte tan racional como equivocada. Solo en el marco de un proyecto a medio o largo plazo cobrará sentido asumir situaciones puntuales de caída en el precio de nuestra cartera. El inversor debe establecer los niveles en los que esté dispuesto a dejar fluctuar sus preferencias en función de unos objetivos previamente determinados. Sin un “por qué” que justifique el proyecto sucumbiremos al precio y nos perderemos el valor.
sábado, 8 de octubre de 2011
Las 20 reglas de Todd Mitchell para el éxito en trading
Todd Mitchell es trader desde 1988 y actualmente compagina esta actividad con la de formador y fundador / CEO del blog Trading Concepts. Sus 20 reglas para triunfar en el trading son las siguientes:
1.- Utiliza siempre stops de protección. El control del riesgo da la verdadera medida de un trader consistente.
2.- Evita sobreoperar. Es el principal motivo para perder dinero.
3.- Acuérdate de vender. Cítate con las posiciones pero no te cases con ellas.
4.- No persigas al Mercado. Espera que él venga hacia tí. La paciencia es una gran virtud en este negocio.
5.- Antes de colocar una orden, calcula cuánto estás dispuesto a perder. Coloca tu stop por debajo de ese punto y entra sólo cuando el ratio beneficio/riesgo sea favorable.
6.- Tienes que estar dispuesto a entrar tanto largo como corto. Tienes que ser flexible y dinámico en tu trading.
7.- No necesitas ser un genio para participar en este juego. Si tienes control del riesgo y empleas stops puedes errar el 40% de las veces y aún así ganarte la vida. Si los errores se reducen al 30% puedes ganar millones. Si bajan del 20% liderarás una mesa de dinero en Goldman Sachs. Y si son sólo del 10% podrás tener un Hedge Fund de 20.000 millones.
8.- El trading de éxito es trabajo duro, mucho más que un trabajo normal. Cuanto mayor sea el estudio y la investigación que hagas, más cómodo y rentable será tu trading.
9.- No te creas muy brillante en un mercado alcista. Cuando el mercado sube sin parar, cualquiera (y su abuela) puede hacer dinero.
10.- Como dijo J. M. Keynes, "los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que tú puedes permanecer solvente".
11.- No creas lo que se dice en los medios de comunicación. Fíjate en los datos y en los números.
12.- En ocasiones la "sabiduría popular" está en lo cierto.
13.-Invierte por fundamentales y ejecuta por análisis técnico.
14.- El análisis técnico (cómo leer un gráfico como el que lee un periódico) es la clave para el éxito.
15.- Cuanto más simple sea tu aproximación a los mercados mejor funcionará. Todo el mundo habla de comprar barato y vender caro, pero realmente son pocos los que lo hacen.
16.- Los mercados están formados por personas movidas por el miedo y la avaricia, todo es psicología. Si conoces y anticipas su manera de pensar podrás hacer mucho dinero.
17.- Entiende qué información pertenece al mercado y cual no.
18.- Haz el trade impensable, aquel con el que todo el mundo te diría que estás loco.
19.- Si estás intentando salir de un hoyo, el primer paso es dejar de cavar y después tirar la pala (sal cuanto antes de una posición perdedora).
20.- Hacer dinero en los mercados no es algo natural. Tendrás que ir contra tus instintos básicos para ganar dinero.
1.- Utiliza siempre stops de protección. El control del riesgo da la verdadera medida de un trader consistente.
2.- Evita sobreoperar. Es el principal motivo para perder dinero.
3.- Acuérdate de vender. Cítate con las posiciones pero no te cases con ellas.
4.- No persigas al Mercado. Espera que él venga hacia tí. La paciencia es una gran virtud en este negocio.
5.- Antes de colocar una orden, calcula cuánto estás dispuesto a perder. Coloca tu stop por debajo de ese punto y entra sólo cuando el ratio beneficio/riesgo sea favorable.
6.- Tienes que estar dispuesto a entrar tanto largo como corto. Tienes que ser flexible y dinámico en tu trading.
7.- No necesitas ser un genio para participar en este juego. Si tienes control del riesgo y empleas stops puedes errar el 40% de las veces y aún así ganarte la vida. Si los errores se reducen al 30% puedes ganar millones. Si bajan del 20% liderarás una mesa de dinero en Goldman Sachs. Y si son sólo del 10% podrás tener un Hedge Fund de 20.000 millones.
8.- El trading de éxito es trabajo duro, mucho más que un trabajo normal. Cuanto mayor sea el estudio y la investigación que hagas, más cómodo y rentable será tu trading.
9.- No te creas muy brillante en un mercado alcista. Cuando el mercado sube sin parar, cualquiera (y su abuela) puede hacer dinero.
10.- Como dijo J. M. Keynes, "los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que tú puedes permanecer solvente".
11.- No creas lo que se dice en los medios de comunicación. Fíjate en los datos y en los números.
12.- En ocasiones la "sabiduría popular" está en lo cierto.
13.-Invierte por fundamentales y ejecuta por análisis técnico.
14.- El análisis técnico (cómo leer un gráfico como el que lee un periódico) es la clave para el éxito.
15.- Cuanto más simple sea tu aproximación a los mercados mejor funcionará. Todo el mundo habla de comprar barato y vender caro, pero realmente son pocos los que lo hacen.
16.- Los mercados están formados por personas movidas por el miedo y la avaricia, todo es psicología. Si conoces y anticipas su manera de pensar podrás hacer mucho dinero.
17.- Entiende qué información pertenece al mercado y cual no.
18.- Haz el trade impensable, aquel con el que todo el mundo te diría que estás loco.
19.- Si estás intentando salir de un hoyo, el primer paso es dejar de cavar y después tirar la pala (sal cuanto antes de una posición perdedora).
20.- Hacer dinero en los mercados no es algo natural. Tendrás que ir contra tus instintos básicos para ganar dinero.
jueves, 6 de octubre de 2011
Au revoir Trichet... y no vuelvas
Hoy se ha despedido (por fin) el Presidente del BCE JC Trichet. Será recordado por sus decisiones de política monetaria contrarias a los dictados elementales de la teoría económica, "ayudando" de manera decisiva al estado de caos actual de la UE.
A continuación reproduzco la carta que le ha dedicado uno de los mejores gestores que existe en la actualidad (y compatriota suyo), Edouard Carmignac. No tiene desperdicio.
Muy señor mío:
¡Adiós, no le extrañaremos! A lo largo de su carrera, usted asestó un golpe fatal a la industria francesa en la década de los 90 por su política del franco fuerte, luego agravó el impacto de la crisis de 2009 subestimando su magnitud y, últimamente, ha puesto en peligro el euro debido a unas subidas de tipos poco consideradas y una política de sostenimiento de la deuda de los países europeos debilitados notoriamente insuficiente.
Mañana, usted presidirá por última vez el Consejo del BCE y tendrá una ocasión única para salir con buen pie. En este sentido, tomo la libertad de sugerirle las siguientes propuestas:
Recortar el tipo de referencia del BCE a cero. Una reducción inmediata del 1,5% en la carga de intereses que soporta el conjunto de la zona daría un balón de oxígeno apreciable, especialmente a los estados miembros más frágiles. También serviría para ayudarnos a combatir la sobrevaloración del euro, que penaliza nuestras exportaciones desde hace cinco años.
Redactar una declaración de intenciones en la que se comprometa a adquirir la deuda pública de los países en dificultades sin restricciones en cuanto al importe y sin esterilizar dichas intervenciones. Con el fin de evitar que la situación se descontrole, se podría establecer que a partir del momento en el que el volumen de compras del BCE exceda un umbral expresado en porcentaje del PNB de un país, éste deberá someterse a un programa de ajuste estructural del FMI. Una mayor presencia del BCE en el mercado de deuda pública resolvería dos grandes problemas: volvería a dar a los países debilitados acceso al mercado en condiciones no prohibitivas y evitaría a los bancos europeos la obligación más que problemática de emprender una recapitalización inmediata y masiva motivada por la depreciación de la deuda pública presente en sus balances. Por último, mal que pese al credo monetarista, la creación de liquidez como contrapartida de estas intervenciones no sería inflacionista. Simplemente, reduciría la fuerza de la potente ola deflacionista desencadenada por el desendeudamiento generalizado actual y, al mismo tiempo, ejercería presiones bajistas sobre el euro. ¿Acaso no es mejor un euro débil que su desaparición?
La situación es grave y requieren acciones inmediatas. Las vicisitudes de la construcción europea hacen que ni los políticos ni ninguna institución distinta del BCE estén en disposición de tomar medidas decisivas. Sobre usted recae asimismo la imponente misión de colmar este vacío.
Aprovecho para expresar mi deseo de que el alto funcionario celoso que conocemos se revele como un estadista. Con esta esperanza, reciba un cordial salido.
Edouard Carmignac
A continuación reproduzco la carta que le ha dedicado uno de los mejores gestores que existe en la actualidad (y compatriota suyo), Edouard Carmignac. No tiene desperdicio.
Muy señor mío:
¡Adiós, no le extrañaremos! A lo largo de su carrera, usted asestó un golpe fatal a la industria francesa en la década de los 90 por su política del franco fuerte, luego agravó el impacto de la crisis de 2009 subestimando su magnitud y, últimamente, ha puesto en peligro el euro debido a unas subidas de tipos poco consideradas y una política de sostenimiento de la deuda de los países europeos debilitados notoriamente insuficiente.
Mañana, usted presidirá por última vez el Consejo del BCE y tendrá una ocasión única para salir con buen pie. En este sentido, tomo la libertad de sugerirle las siguientes propuestas:
Recortar el tipo de referencia del BCE a cero. Una reducción inmediata del 1,5% en la carga de intereses que soporta el conjunto de la zona daría un balón de oxígeno apreciable, especialmente a los estados miembros más frágiles. También serviría para ayudarnos a combatir la sobrevaloración del euro, que penaliza nuestras exportaciones desde hace cinco años.
Redactar una declaración de intenciones en la que se comprometa a adquirir la deuda pública de los países en dificultades sin restricciones en cuanto al importe y sin esterilizar dichas intervenciones. Con el fin de evitar que la situación se descontrole, se podría establecer que a partir del momento en el que el volumen de compras del BCE exceda un umbral expresado en porcentaje del PNB de un país, éste deberá someterse a un programa de ajuste estructural del FMI. Una mayor presencia del BCE en el mercado de deuda pública resolvería dos grandes problemas: volvería a dar a los países debilitados acceso al mercado en condiciones no prohibitivas y evitaría a los bancos europeos la obligación más que problemática de emprender una recapitalización inmediata y masiva motivada por la depreciación de la deuda pública presente en sus balances. Por último, mal que pese al credo monetarista, la creación de liquidez como contrapartida de estas intervenciones no sería inflacionista. Simplemente, reduciría la fuerza de la potente ola deflacionista desencadenada por el desendeudamiento generalizado actual y, al mismo tiempo, ejercería presiones bajistas sobre el euro. ¿Acaso no es mejor un euro débil que su desaparición?
La situación es grave y requieren acciones inmediatas. Las vicisitudes de la construcción europea hacen que ni los políticos ni ninguna institución distinta del BCE estén en disposición de tomar medidas decisivas. Sobre usted recae asimismo la imponente misión de colmar este vacío.
Aprovecho para expresar mi deseo de que el alto funcionario celoso que conocemos se revele como un estadista. Con esta esperanza, reciba un cordial salido.
Edouard Carmignac
miércoles, 29 de junio de 2011
Hágase gestor de su hedge fund
De nuevo, Enrique Roca nos da pistas para gestionar nuestro patrimonio de manera profesional.
Desde aquí añadiríamos la posibilidad de jugar con las divisas para incrementar la rentabilidad y/o diversificar riesgos. Los pares de divisas suelen moverse en rangos o canales claramente definidos y sus movimientos son predecibles tanto por análisis fundamental como por técnico.
Desde aquí añadiríamos la posibilidad de jugar con las divisas para incrementar la rentabilidad y/o diversificar riesgos. Los pares de divisas suelen moverse en rangos o canales claramente definidos y sus movimientos son predecibles tanto por análisis fundamental como por técnico.
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